Mi proyecto

A continuación os pondré el prólogo del proyecto que tengo en mente, para que podáis ver las primeras páginas y el inicio de la novela. 

¡Espero que os guste!


Prólogo

 

Las calles estaban vacías y hacía un par de horas que la noche había tomado forma. El cielo estaba completamente estrellado, abarrotado de pequeñas motas estelares y apoderado por la luz de la luna, que dejaba unas nítidas sombras bajo los edificios de piedra que se erguían unos pegados a otros. El silencio de aquel lugar era sereno y tranquilo, lo suficiente como para que todos los habitantes pudiesen dormir en paz, sin ningún tipo de interrupción, pero, sin embargo, debido a la lluvia que ese día había caído, unas leves gotas de agua descendían por los tejados de las casas y rompían en el suelo, creando un sonido casi inaudible.

 

De repente, unas fuertes pisadas destruyeron toda paz aparente. Chapoteaban y se hundían en los pequeños charcos de agua que se habían generado por el diluvio y seguían un ritmo rápido y continuo, con prisas, como si algo o alguien les persiguiese sin descanso.

 

 

  • ¡Por aquí, corre!- Dijo la voz de un hombre, desgastada por los años y entrecortada por la rapidez con la que respiraba.

 

 

El niño que iba junto a él, aún corriendo, entró en la pequeña callejuela que le había indicado el hombre y se escondió tras él. Sus ojos color avellana estaban teñidos de terror y de ellos brotaban unas lágrimas que descendían por sus mejillas. A pesar de esto, posó su mirada en la espalda de su acompañante y con una mano agarró la camisa casi raída de este.

 

 

  • Papa…-

 

 

Su susurro fue como un sollozo, lleno de inseguridad y casi silencioso, pero el hombre se giró y con una sonrisa casi falsa se agachó a la altura del niño y posó una mano en su hombro izquierdo, en señal de protección y seguridad. Su otra mano estaba ocupada por un objeto tapado por un trapo casi deshilachado.

 

 

  • Tranquilo, todo está bien, todo estará bi…-

 

 

Sin embargo, sus palabras fueron interrumpidas por unas pisadas mucho más violentas y rápidas. Se levantó apresurado y escondiendo a su hijo tras él y sujetando con fuerza el objeto que poseía, comenzó a retroceder para así camuflarse con la oscuridad de las sombras proyectadas por la luna. El niño, asustado, sollozó una vez más y se aferró a su padre, retrocediendo junto a él, escondiéndose de aquello que los perseguía.

 

Las pisadas siguieron y finalmente cesaron al cruzar la esquina del callejón donde se encontraban padre e hijo. Un grupo de guardas, vestidos con armaduras doradas y reluciente, con unos pequeños cascos sobre sus cabezas y en posesión de unas pequeñas dagas, aparecieron ante ellos, bloqueandoles el paso. Sus miradas eran frías y despiadadas, sin ningún tipo de emoción aparente, lo suficiente para petrificar a cualquiera que se le pasase de por medio, lo suficiente como para aterrar a cualquier persona.

 

Uno de los guardas armados dio un paso más que el resto y se situó frente al hombre.

 

 

  • Viejo asqueroso, danos el maldito libro o te matamos aquí mismo.- dijo desenvainando la daga. Su voz era estruendosa y grave.

 

 

El hombre apartó a su hijo hacía un lado, lo suficiente como para estar a salvo e inspirando fuertemente y entrecerrando los ojos negó energéticamente.

 

 

  • No pienso entregároslo. Esto es mío y no voy a permitir que sucias manos como las vuestras lo toquen.-

 

 

Tras esto, y con una mirada asqueada, escupió la armadura del guarda que le había faltado el respeto y se echó hacia atrás, sosteniendo el libro que tenía en sus manos. El niño contemplaba la escena tragando saliva, sin mucho que decir, con el miedo recorriéndole las venas y agazapado en un intento de protección.

 

El guarda, ofendido, se acercó más al hombre y le agarró por el cuello de la camisa a modo de amenaza. Sus nudillos se habían vuelto de un color pálido, casi blanco y las fosas nasales se abrían y cerraban nerviosamente. El libro calló al suelo y con un movimiento rápido, el niño lo cogió y  lo abrazó pegandolo a su pecho. La mirada de todos los soldados descendieron hasta la silueta de este y el que se encontraba agarrando a su padre arqueó una ceja.

 

 

  • Dile a tu mocoso que nos lo dé si no quiere sentir mi daga en su pecho.- Bramó agarrando con más fuerza a su víctima.

 

 

El niño retrocedió un poco ante la amenaza de aquel desconocido y miró a su padre sin saber qué hacer. La confusión recorría su cuerpo y el temor a ser herido inundaba su mente. Bajó la vista hacia los que sostenía entre sus manos y volvió la mirada a su padre quien se encontraba observándolo desde el rabillo del ojo y gesticulaba con la boca un “corre´´. El pequeño, aún indeciso, decidió hacer caso y comenzó a correr en dirección contraria a la zona bloqueada por los soldados. A pesar de ser un callejón sin salida, un agujero en una de las paredes permitía el acceso a otra zona diferente de la ciudad y debido su pequeña estatura podía traspasarlo sin problema.

 

Corrió sin cesar, jadeante, con la esperanza de llegar a su salvación pero con la preocupación de lo que le ocurriría a su padre en mente. Gotas de sudor caían por su frente y sus pantalones se empapaban cada vez que pisaba la acera de piedra mojada por la lluvia.

 

Poco a poco se encontraba más cerca de su destino, pero, una sombra con la mano alzada tras él hizo que soltase un grito de terror y frenáse repentinamente. Se giró temblando y se encontró ante él al soldado que había amenazado a su padre. En su mano alzada, sostenía la daga, reluciente en la leve luz de la noche y tan amenazante, como su dueño.

 

 

  • Niño ingenuo. Ahora aprenderás a comportarte.-

 

 

Con estas palabras, el guarda deslizó rápidamente la daga hacia el niño. Este se intentó proteger con las manos, a la espera de que la daga le atravesase la piel. Sin embargo, esto no llegó a suceder, puesto que otra silueta se interpuso entre la daga y él.

 

 

  • Pa…¡papá!.- Gritó el niño, bajando las manos y horrorizado al ver a su padre caer al suelo ante él.

 

 

El cuerpo del hombre calló violentamente al suelo salpicando de agua las ropas de su hijo. La sangre manaba sin parar, a borbotones, de su pecho atravesado por la daga del soldado y un reguero de aquel líquido rojo comenzó a inundar parte de la acera. El niño se acercó rápidamente a su padre, con lágrimas en los ojos y posó sus manos en el pecho del hombre, con intención de parar aquella hemorragia que no cesaba. Al ver que esto no daba frutos, sujetó el rostro del hombre, manchándo de sangre sus mejillas y contemplandole sin saber qué hacer en busca de algún indicio de que su padre se encontraba bien.

 

El herido entreabrió un poco los ojos y esbozó una sonrisa débil pero llena de orgullo al pequeño que le acunaba. La piel comenzaba a volvérsele más pálida y los labios se tornaban en un color azulado. Soltó un leve suspiro torpemente y con sangre en su boca se dirigió a su hijo.

 

 

  • Pro-protegelo, por lo que más quieras, hijo. No… dejes que manos… erróneas… tomen su poder… Te… quie… ro.-

 

 

Dicho esto, el hombre soltó un gemido lleno de dolor y angustia, y finalmente cerró los ojos convirtiéndose en un peso muerto.

 

Sin poder reaccionar y siendo testigo de la muerte de su padre, el niño alzó la vista hacía el destructor de su vida, su asesino, y entre lágrimas intentó incorporarse con el libro aún en sus manos. El mundo daba vueltas sobre su cabeza, los edificios parecían caer sobre él y aplastarle los pulmones. Todo parecía haber quedado en pausa, contemplando únicamente aquella escena de horror y sangre.

 

No obstante, volvió de su ensimismamiento y vió como otro de los guardas se acercaba a él y alzando el mango de su arma golpeó su cabeza fuertemente.

 

Lo único que sintió después de eso fue el dolor apoderándose de su cabeza y posteriormente de su cuerpo. La oscuridad le nubló la vista y después de eso, simplemente… no hubo nada.

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